¿Y si la felicidad también fuera una habilidad que nuestros hijos pueden aprender?
En Rhema E-School creemos que educar no consiste únicamente en enseñar matemáticas, ciencias, idiomas o tecnología.
Por el contrario, educar también significa preparar a nuestros hijos para comprenderse, tomar decisiones, relacionarse con otros y enfrentar los desafíos de la vida.
Por eso, para nosotros, la felicidad también hace parte del aprendizaje.
La felicidad también se aprende.
Desde pequeños, nuestros hijos reciben muchas ideas sobre lo que significa “tener éxito”.
Buenas calificaciones, reconocimientos, títulos, premios y logros suelen convertirse en indicadores de que todo va bien.
Sin embargo, ¿qué sucede cuando un niño logra todo esto, pero no se siente feliz?
Precisamente por eso, en Rhema creemos que la educación debe mirar mucho más allá de los resultados académicos.
Además de aprender contenidos, nuestros hijos necesitan aprender a gestionar sus emociones, enfrentar la frustración, tomar decisiones y descubrir aquello que realmente los apasiona.
De esta manera, la educación deja de ser únicamente una preparación para los exámenes y se convierte en una preparación para la vida.
No podemos controlar todo lo que sucede.
La vida no siempre ocurre como esperamos.
De hecho, habrá momentos en los que nuestros hijos tendrán que enfrentarse a cambios, errores, pérdidas, dificultades o situaciones que simplemente no pueden controlar.
Sin embargo, aunque no podamos controlar todo lo que sucede, sí podemos aprender a elegir cómo responder ante aquello que nos sucede.
Por lo tanto, enseñar a nuestros hijos a ser felices no significa evitarles los problemas.
Significa acompañarlos para que desarrollen las herramientas necesarias para enfrentarlos.
Porque crecer también significa aprender a navegar los días buenos y los días difíciles.
La frustración también hace parte del aprendizaje.
A veces queremos evitar que nuestros hijos se frustren.
Queremos que todo les salga bien, que no fallen y que puedan conseguir rápidamente aquello que desean.
Sin embargo, la frustración también tiene algo importante que enseñarnos.
Cuando un niño intenta resolver un problema y no lo consigue a la primera, está aprendiendo a perseverar.
Cuando una actividad no sale como esperaba, está aprendiendo a adaptarse.
Cuando pierde un juego, está aprendiendo a gestionar sus emociones.
Y cuando comete un error, tiene la oportunidad de descubrir que equivocarse no significa fracasar.
Por eso, una educación que permite equivocarse también está enseñando resiliencia.
Ser feliz no significa no tener problemas.
Es importante entender que la felicidad no consiste en vivir una vida sin dificultades.
Al contrario, significa desarrollar la capacidad de encontrar bienestar incluso cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.
Por ejemplo, un niño puede sentirse frustrado porque una tarea le resulta difícil y, aun así, sentirse orgulloso después de haberlo intentado.
Asimismo, puede estar triste por una situación y, al mismo tiempo, sentirse acompañado, comprendido y seguro.
En consecuencia, la educación emocional no busca que nuestros hijos estén felices todo el tiempo.
Busca que aprendan a reconocer lo que sienten, comprenderlo y encontrar maneras saludables de gestionarlo.
¿Qué tiene que ver la educación con la felicidad?
Mucho más de lo que imaginamos.
Nuestros hijos pasan una parte importante de sus vidas aprendiendo.
Por esta razón, el entorno educativo puede influir profundamente en la manera en que se relacionan con el conocimiento, con los demás y consigo mismos.
Si aprender siempre está relacionado con presión, miedo y memorización, es posible que el aprendizaje termine convirtiéndose en una obligación.
En cambio, cuando los niños pueden explorar, preguntar, crear, equivocarse y descubrir sus propios intereses, aprender puede convertirse en una experiencia significativa.
Además, cuando reconocemos sus fortalezas y respetamos sus ritmos, también les estamos enseñando algo fundamental: “lo que eres y lo que puedes aportar tiene valor”.
En Rhema enseñamos para la vida.
En Rhema School creemos que nuestros hijos no necesitan convertirse en máquinas de memorizar información.
Necesitan convertirse en seres humanos capaces de pensar, crear, comunicar, decidir y construir su propio camino.
Por eso, nuestra propuesta de educación alternativa integra el desarrollo académico con habilidades para la vida.
Asimismo, trabajamos competencias como el pensamiento crítico, la comunicación, la autonomía, la creatividad, el liderazgo y la inteligencia emocional.
Además, a través de nuestra Aldea de Mindfulness, acompañamos a los estudiantes en el desarrollo de herramientas que les permiten conocerse mejor, gestionar sus emociones y relacionarse de una manera más consciente.
De esta forma, el aprendizaje no se queda únicamente en lo que el estudiante sabe.
También se refleja en lo que puede hacer con aquello que aprende.
La verdadera ecuación de la felicidad.
Al final, quizás la pregunta no debería ser únicamente:
“¿Qué necesita aprender mi hijo para tener éxito?”
También deberíamos preguntarnos:
“¿Qué necesita aprender mi hijo para vivir una buena vida?”
Porque saber resolver una ecuación matemática es importante.
Sin embargo, saber resolver los problemas que aparecen en la vida también lo es.
Leer y escribir son fundamentales.
Pero también lo es poder expresar lo que sentimos.
Aprender ciencias es maravilloso.
Y, al mismo tiempo, aprender a cuidar nuestro mundo es indispensable.
Dominar la tecnología abre muchas puertas.
Pero aprender a utilizarla con criterio también es parte de la educación.
Por eso, en Rhema entendemos la educación como un proceso integral.
No educamos solamente para que nuestros estudiantes sepan más.
Educamos para que sepan quiénes son, qué pueden aportar y cómo quieren construir su futuro.
¿Y si la felicidad también fuera parte del currículo?
Quizás nuestros hijos no necesitan una educación que les prometa una vida sin problemas.
Necesitan una educación que les dé herramientas para enfrentar esos problemas con confianza.
Necesitan espacios donde puedan equivocarse sin miedo.
Necesitan oportunidades para descubrir sus talentos.
Necesitan aprender a tomar decisiones.
Necesitan desarrollar autonomía.
Y, sobre todo, necesitan sentirse valorados por quienes son, no únicamente por los resultados que obtienen.
Porque educar para la vida también significa enseñar a vivirla.
En definitiva, esa es nuestra propia ecuación:
Más autoconocimiento + más herramientas emocionales + más autonomía + más propósito = una educación que prepara para la vida.
Y quizás ahí comienza una de las preguntas más importantes que podemos hacernos como padres:
¿Nuestros hijos están aprendiendo únicamente para aprobar o están aprendiendo para vivir?
Si quieres conocer una propuesta educativa donde el aprendizaje, el desarrollo personal y la felicidad pueden ir de la mano, te invitamos a conocer Rhema.
Puedes vivir la experiencia de un Rhema Day, nuestro día de prueba gratuito, y descubrir cómo aprenden nuestros estudiantes.
¿Te gustaría que tu hijo experimentara una educación diferente?
Escríbenos a estudia@rhemaschool.com y conversemos.
«Esta entrada fue redactada con asistencia de inteligencia artificial, revisada y editada por el autor.»
Cristian Izquierdo es el Director General de Rhema E-School. Cristian es Licenciado en Bilingüismo con énfasis en inglés de la UTP. Cristian es egresado de la Universidad ICESI en la maestría en educación mediada por TIC y la especialización en Docencia Universitaria.
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